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PRIMEROS AUXILIOS PSICOLÓGICOS

Terremoto, huracán, tornado, entre otros impactos de la naturaleza sobre una población, genera pérdidas humanas, bienes, medios de subsistencia, actividades cotidianas, seguridad y estabilidad individual, familiar o colectiva. El responder antes y durante el evento con conocimiento previo, pero ante todo calma y control emocional hace la diferencia entre la vida y la muerte, activa el instinto de sobrevivencia de manera prioritaria. Después del suceso, vienen los rescates inmediatos durante las 72 horas siguientes, remoción de escombros de manera manual, primeros auxilios, atención médica, solidaridad, apoyo fraternal de unos a otros, consolar y compasión, pero también fundamental aplicar el “Protocolo de PRIMEROS AUXILIOS PSICOLÓGICOS”, atención en crisis, contención emocional inmediata, el que puede aplicar cualquier persona, con el objetivo principal de calmar y buscar estabilizar a la persona. Si alguien cercano experimenta alguno de estos síntomas, requiere apoyo inmediato a nivel emocional:
· Desorientación y confusión, se pregunta ¿qué hago?, ¿dónde estoy?, ¿a dónde voy?, etc.
· Irritabilidad, miedo, ansiedad, dolor, tristeza, desolación e impotencia.
· Llanto permanente, gritos o lo contrario silencio, imposibilidad de hablar, vista perdida.
Acercarse a la persona con seguridad aun sin conocerla, con la intención de consolar y conectar con profundo respeto, que sienta que alguien le presta atención y se ocupa de ella. Tener primero contacto físico, ponerse a su nivel para poder mirarla a los ojos, hacer contacto visual, sonreírle, tomarle de la mano de manera suave pero firma, ponerle una mano en el hombro, abrazarla si es posible, cobijar con las manos o cuerpo, lo que genera calma. A continuación dejarle saber que es natural y humano que sienta lo que vive.
Segundo, hablarle con tono suave, de manera pausada, tranquila, minimizando el drama y ofrecer la mayor información posible, que la voz genere confianza. Si la persona no quiere hablar respetar su silencio.
Tercero, comprender si está pasando la primera etapa del duelo: negación, ira o tristeza profunda, déjalo ser, dale su espacio, permítele llorar, decir lo que le nazca, lo que su pensamiento les diga por negativo que sea, sentir y expresar a su manera, no decirle que no sienta o piense eso y menos juzgar o criticar.
Cuarto, ofrecer técnicas muy sencillas de relajación y realizarlas a la par con la persona, acompañarla, sentarse cómodamente, respirar, cerrar los ojos para buscar algo positivo dentro, visualizar, orar, meditar, cantar, repetir alguna palabra o frase a manera de mantra como gracias, estoy bien, todo está bien, acudir a las creencias espirituales de la persona sean las que sean, llevarla a comprender que en su fe y espíritu donde puede encontrar fortaleza real, etc.
Quinto, escuchar con atención, sin interrumpir, intervenir y contestar las preguntas en forma corta, clara, honesta, sin especulación o falsas promesas, hacerle ver que lo que expresa está bien.
Sexto, procurar que la persona conecte con la familia o alguien conocido en forma personal, telefónica o por las redes.
Séptimo, atender a los niños con las herramientas que ellos comprenden dibujos, canciones o juegos y capacitar a los padres, maestros o adultos que están a cargo. Igual atención especial a los adultos mayores con comprensión y paciencia extrema.
Octavo, si la persona reacciona en forma positiva y desea incorporarse o realizar alguna actividad ayudarla y permitírselo, invitarla y motivarla a hacerlo, eso ayuda a la persona a entra en contacto consigo misma, con los demás y con la realidad en forma proactiva, de lo contrario remitirla a la asistencia de salud mental para recibir atención más profunda y el tratamiento pertinente, relacionado con ansiedad post-traumatica, episodios o estados de pánico o crisis emocional/mental profunda o persistente.
Tengamos pendiente que lo mejor es poder aplicar el protocolo en forma directa y personal, pero también es posible hacerlo en la distancia via telefónica, a través de las redes sociales e incluso guiando a una tercera persona que este en contacto con el individuo en crisis emocional.
Por último, si quien presta auxilio también se ha visto impactado, afectado o su familia, entonces es importante que se dé autocuidado y autoaplique el protocolo, fundamental estar bien para cuidar del otro.
Lenny Z. Pito-Bonilla Psicóloga